-

  • es
  • en
  • fr
  • de

EL BARRIO DE LAS CRUCES DE ALCALA LA REAL

Categoría del post: 

EL BARRIO DE LAS CRUCES DE ALCALA LA REAL

- Valores Históricos y Culturales.

La denominación de este popular y típico barrio tiene su origen en la colocación de todo un reguero de blancas cruces, formando un "Vía Crucis" que rememoraba la pasión de Cristo. La progresiva pérdida de esta tradición y la urbanización incontrolada de este espacio fragmentaron el itinerario y el significado de este ritual religiosos. Testigos de este peregrina­je originario son las cruces que quedan en la calle Utrilla, Corredera y Cuesta de Fátima.

En la parte baja de esta empinada y breve pendiente, en la plazuela de la Calle Rosa frente a la ermita del Ecce-Homo, está enclavada la más popular de las cruces alcalaínas. En la festividad del 2 de Mayo, el barrio del "Juego Pelota", situado en la confluencia de este cerro con la iglesia de la Consolación, se engalana de flores y se organizan en él bailes, piñatas, "ca­rreras de sacos" y otras actividades lúdicas para celebrar la fiesta de la Cruz.

Existe cierta conexión de este antiguo "Vía Crucis" con el que los devotos hacen anualmente a dicho lugar durante el mes de mayo, conocido también como el mes de las flo­res, para venerar a la Virgen de Fátima. Esta imagen se halla ubicada en un pequeña ermita, que aprovecha una cueva natural de la roca, donde en otro tiempo estaba la ermita de San Judas Tadeo. Aquí se guardaba la imagen de un Cristo yacente, sacada en procesión el Vier­nes Santo.

 

El Barrio de Las Cruces presenta una total anarquía urbanística adaptada a las caracte­rísticas del terreno. La carencia de un plan regularizador y las condiciones del terreno han determinado la dispersidad y tortuosidad de sus calles, elementos que hacen de éste un barrio típico y pintoresco, con una entidad propia en el conjunto de la ciudad, a lo cual contribuye también su localización frente al cerro de La Mota.[1] Es precisamente esta ubicación la que convierte al cerro de las Cruces en un balcón privilegiado, desde el que se puede observar la evolución de todo el trazado urbano, ya que desde aquí el visitante puede disfrutar de una de las mejores panorámicas de la ciudad y de sus alrededores (1.). El visitante se ena­mora de Alcalá la Real desde el Cerro de Las Cruces.

En la cumbre y al sur de este barrio se levanta la ermita de la Verónica, de reciente creación, próxima al lugar donde antiguamente se ubicaba la misma y, como entonces, alber­ga en ella a la "Mujer Verónica", escultura del siglo XVIII que se incorpora cada Viernes Santo al desfile procesional.

Desde el barrio de las Cruces podemos acceder, pasando por el conocido paseíllo de las Tórtolas, hacia el barrio de San Marcos. Este barrio se caracteriza a lo lejos fácilmente por la disposición de unas casas adosadas que, perfectamente alineadas, bajan desde la iglesia de San Marcos hasta esta fértil ladera del cerro de los Llanos. Estas casas son fruto de una donación de doña Clotilde Batmala, realizada a mediados del siglo pasado.

La iglesia constituye el primer lugar donde se instalaron en 1506 los padres terceros, pertenecientes a la orden de los franciscanos. Construyeron allí la iglesia y una casa donde vivieron hasta que se trasladaron al convento de Consolación, años más tarde.

Situada en la parte septentrional de Alcalá, a 900 m. sobre el nivel del mar, se alza esta preciosa iglesia renacentista dedicada a la Virgen de la Cabeza. La iglesia consta de una  planta rectangular y una capilla lateral cubierta por un cúpula con pinturas murales y remata­da con un piñón de rosetas. En frente de la iglesia existe una gran plaza, que constituye un mirador desde el cual se divisan unas preciosas perspectivas de Alcalá.

En la parte baja del cerro se encuentra una construcción muy singular, que protege uno de los escasos veneros antiguos de Alcalá la Real, construido en el siglo XVI.

 

Es digno de mención señalar, en este capítulo, los hallazgos arqueológicos que apare­cen en la meseta y ladera del barrio de San Marcos. Pertenecen a la última etapa del Neolíti­co y Cobre inicial. Las prospecciones realizadas han dado como resultado la existencia de una abundante industria lítica en la meseta. En la ladera opuesta, separada por un amplia va­guada, cerca de unas importantes canteras explotadas desde la antigüedad, aparece la necró­polis dentro de unas cuevas artificiales.

 

1. El cerro de La Mota alberga el conjunto histórico monumental homónimo. A cien metros de altura con respecto a la ciudad y trazando sus murallas un elipse, el cerro constituye una perfecta atalaya natural que domina el paisaje en varios kilómetros a la redonda.

Existe un Plan Especial de Ordenación y Rehabilitación del Conjunto Histórico-Artístico de La Mota pendiente de aprobación.