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Historia

La populosa ciudad y su fortaleza son la llave del histórico camino entre Córdoba y Granada: ocupan una estratégica colina en medio del pasillo natural que conecta ambas provincias a través de tierras de Jaén entre las montañas del Sistema Bético.

La ocupación de la zona experimentó un notable crecimiento tras la llegada de los musulmanes. A partir del año 713 se asentaron aquí diversos clanes árabes como aristocracia gobernante. En los siglos siguientes no faltan noticias acerca del importante papel jugado por esta ciudad amurallada que, dada su fisonomía, fue llamada al-Qalat, la fortaleza, con las variantes de Qalat Astalir o Qalat Yahsub. Formó parte de la cora de Ilbira y del reino zirí de Granada durante el período de Taifas. El apogeo de su pasado andalusí aconteció en el siglo XII, al erigirse en señorío independiente entre 1135 y 1145, bajo el protectorado de la familia Banu Said, que consiguió la autonomía respecto al imperio almorávide. Con el apellido de sus señores, Qalat Ibn Said vivió una etapa de prosperidad. De su vigorosa actividad cultural surgieron notables personajes de la vida política y literaria, vinculados a la estirpe regente de los Banu Said.

En el siglo XIII, una vez finalizado el dominio almohade, Alcalá y su territorio cayeron alternativamente en manos cristianas y musulmanas, al hallarse expuesta en primera línea de frontera. En 1341 Alfonso XI se apoderó definitivamente de la fortaleza. Quedó bajo el control directo de la Corona que estableció en ella una abadía de patronato real y la convirtió en su principal plaza para emprender la conquista de Granada. Al cabo de estos siglos de conflictos, la población buscó las áreas, más cómodas, del llano; poco a poco, la villa medieval fue abandonada, quedando como un monumental testigo de la historia.